El relato de una mamá trabajadora, sensible al gluten, intolerante a la lactosa y confinada con un bebé

Cuando alguien me conoce por primera vez y le hablo de mis problemas con el gluten, la lactosa y mis numerosas alergias, me dice “hija, lo tienes todo”, yo suelo pensar, “¡bah!, exagerado”, pero en estos momentos creo que si conociera a alguien y me dijera eso, pensaría que tiene razón. Ahora lo tengo todo: soy mamá trabajadora, sensible al gluten, intolerante a la lactosa y además estoy confinada con un bebé.

Sí, lejos de lo que está haciendo todo el mundo durante el confinamiento por coronavirus, yo solo estoy haciendo una cosa: sobrevivir.

Ojalá tuviera tiempo de adaptar 100.000 recetas y poder compartirlas todas. Como la de las albóndigas suecas de Ikea que han hecho pública su receta y lo único que he podido ha sido verla de pasada en Twitter.

Ojalá tuviera tiempo de verme los tutoriales de cómo hacer pan, masa de pizza o la masa madre que compartió el otro día Celiaco a los 30.

Ojalá tuviera tiempo para comentar que Dani Martín ha dicho que es celíaco y que esa es la razón por la que ha perdido peso. Una razón que hay que matizar porque no es la dieta sin gluten la que te hace adelgazar. Yo adelgacé cinco kilos, sí, pero porque tuve que dejar de merendar mis donuts de azúcar y chocolate, dejar de ir a la máquina a por kitkat y a por palmeras de chocolate, dejar de desayunar cruasanes mixtos y dejar de comer con media barra de pan y cenar con la otra media.

Ojalá tuviera tiempo de grabarme y contaros cómo después de tres meses, la panificadora del Lidl y yo ya somos amigas, aunque confieso que tengo que seguir alimentando nuestra amistad.

Ojalá tuviera tiempo de colocar los 200 moldes que tengo y tirar los 1.000 productos caducados que seguro hay al final de la despensa.

Ojalá pudiera tener tiempo de aburrirme, o de tirarme todo el día leyendo, o de hacer yoga y subirlo a Instagram, sumarme al challenge de Jennifer López, o verme en un día la cuarta temporada de La casa de papel. Ojalá pudiera tomar el sol una tarde en mi terraza, tirarme siete horas haciendo videollamadas o hacer los 100 Hofmann que tengo pendientes desde mi viaje a Paris hace dos años.

No, mi vida es otra. Mi vida es despertarme a las 6 de la mañana para teletrabajar. Teletrabajar, JA. ¿Algún experto es consciente de lo que es trabajar con una niña de 13 meses que empezó a andar a la semana de decretarse el estado de alarma? Muchos han aconsejado a los que trabajan desde casa con niños ponerles una película, a dibujar, a hacer deberes, ejercicio, juegos… ¿Hola? ¿Cómo entretengo yo mientras trabajo a un bebé que más que a una dulce criatura se parece a Stitch? Sí, sí, el de la película de Disney.

Le doy de desayunar, de comer y con un poco de suerte puedo comer yo sin que se despierte de la siesta. Le doy de merendar y después de terminar de merendar… es libre. Tira los juguetes, abre cajones, armarios, se deja la cabeza en las paredes, se come pelusas, los videojuegos de la Play, los mandos de la tele, saca la basura del cubo, se mete en la lavadora, se ducha en el bidet, aplaude a las 8… y después de destrozarme la casa, toca baño, cena y a la cama. A las 11 ceno corriendo y con suerte duermo medio del tirón si le tengo que cambiar solo dos pañales a lo largo de la noche.

Y ¿ahora? Pues ahora no sé si irme a dormir o hacerme un bizcocho de yogurt para tener desayuno y merienda. Sí, tengo levadura, pero me queda solo un sobre de la marca Hacendado que compré dos días antes de que todo esto empezase.

Vale, creo que voy a dormir aprovechando que esta duerme y ya mañana veo qué como.

Espero que todos estéis bien, nosotros lo estamos. Quizás algo cansados, pero sanos que es lo importante. Aunque hace una semana tuve mal la tripa y no sabía si era gastroenteritis, un síntoma raro de coronavirus o que sin querer comí algo que no debía.

¡Vaya! Marina se ha despertado. Comienza el juego de nuevo…

La Intolerante

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